LA PROSTITUCION DE TRAVESTIS Y MUJERES

“Ninguna mujer nace para puta”, dicen las mujeres que se prostituyen. Lo mismo, ningún hombre nace para…

Travestis dedicados a la prostitución callejera. Calle 24 de septiembre, Santa Cruz – Bolivia.

Ruy G. D’Alencar, Rubén Mercado y Cléver Zurita

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La vida es un misterio que se descubre de a poco, diariamente. Nada sabemos de nosotros mismos hasta el momento en que las circunstancias nos obligan a averiguarlo.  Así, por ejemplo, la pesada y fría noche de un sábado cualquiera, como la que fuese antesala para la gran fiesta paceña[1] (para muchos lectores, la fiesta paceña carece de significado, sería aconsejable incluir el tipo de fiesta), se convierte en oportunidad para el descubrimiento – de uno mismo y de los otros. En primer lugar, uno se percibe a si mismo. Reconocemos nuestras limitaciones y capacidades frente al desafío. Seguidamente advertimos la existencia de los demás – los otros. Y solo así, estamos en condición de desentrañar algunas verdades, “poco visibles”, presentes en nuestra sociedad.    

En este sentido, el equipo periodístico del semanario NUESTRAS CALLES decidió indagar sobre actividades laborales desarrolladas durante los poco agradables horarios nocturnos del fin de semana, más precisamente, sobre la prostitución callejera en nuestra ciudad. 

Santa Cruz  sostiene un ritmo muy agitado, aún durante la noche. No todos salen a divertirse, como fácilmente podría pensarse; algunos aprovechan las noches del fin de semana para buscar algún dinero extra, dado que en ocasiones no basta el ingreso que supone un solo empleo. Así, al momento de explorar las calles de la ciudad, buscando la versión de quiénes desempeñan el “oficio más antiguo del mundo”, lo primero que se puede constatar es que todos asumen su actividad como un trabajo formal, pero, de igual modo, la mayoría desempeña otras labores el resto de la semana. 

A estas alturas cabe aclarar otro dato significativo: aquella noche, la mayoría de los trabajadores sexuales callejeros identificados – en el centro de la ciudad – eran varones travestis. Menor fue el número de mujeres. 

“Busco ingresos de otros modos, lavando ropa ajena y aseando casas”, explicó una de las entrevistadas, señalando que el trabajo de las calles no es su única actividad. Sin embargo, ésta mujer de 30 a 35 años de edad, concluyó diciendo que sostenía a sus “dos críos” con las ganancias del fin de semana. El segundo entrevistado, travesti-homosexual, bordeando los 30 años, sostuvo que éste trabajo es también su segunda fuente de ingresos. “Sólo trabajo en las calles los fines de semana”, aclaró. Dijo además, que de éste modo pagaba su “alquiler, ropa y comida”. Finalmente, concluyó sentenciando que éste trabajo “asegura su subsistencia” y que, a pesar de ser el “más fácil, no es tanto como se cree, porque en cada relación se corre el riesgo de infectarse con enfermedades venéreas, ser objeto de agresiones físicas o perder la vida”. 

A pesar del discurso sobre la “moral y las buenas costumbres” – bien extendido en el mundo entero -, no es ninguna sorpresa que en un país como Bolivia, que posee una fuerte tasa de desempleo[2], la prostitución se hubiese convertido en una opción estable de ingresos económicos. Lo novedoso es descubrir que, para muchos, este negocio, constituye una segunda fuente laboral. En realidad, según los consultados, los trabajos “respetables” que desempeñan, no abastecen las necesidades de sus hogares.  

Por otro lado, este trabajo, reconocido por el Estado boliviano, no deja de ser considerado de pésima reputación. La estigmatización y otros tipos de agresiones por parte de la población en general contra estas personas es muy frecuente. “Pasan hijitos de papito y mamita en auto y nos tiran huevos”, acusa la primera entrevistada y añade: “son gente ignorante, que no estudia”. “Nosotras nos organizamos para defendernos todas, porque no somos perro para que nos maltraten en la calle”, advierte finalmente el otro entrevistado. Habitualmente pensamos que conocemos bien nuestra ciudad, a nuestra gente, a nosotros mismos; sin embargo grandes son las sorpresas que uno se lleva cuando se anima, bajo cualquier pretexto y sin ningún prejuicio, a averiguar quiénes somos y qué hacemos para vivir. Lo cierto es que el hoy es fruto de lo que (no) hicimos ayer, y que los problemas de nuestra sociedad, en menor o mayor medida, son responsabilidad de todos. Sólo es preciso tomar valor y, de una vez por todas, enfrentarnos a nuestros fantasmas.

Primera Entrevistada 

Travesti, 31 años, trabaja en la calle.Trabaja fines de semana desde hace cuatro años.Lo que gana le alcanza para vivir, para pagar alquileres, vestirse y comer.Cumple revisión médica. 

Segundo Entrevistado 

Mujer, entre 30 y 35 años, trabaja en la calle.Busca ingresos de otros modos (lavar ropa, asear casa).Sostiene a su familia, tiene dos críos. Trabaja fines de semana. Con la ganancia paga su alquiler, luz y agua. Hacen dos o tres salidas. Gana máximo 50 Bolivianos.Cumple revisión médica.


[1] El 16 de julio se celebra el aniversario de creación del Departamento de
La Paz, sede de gobierno de Bolivia.

[2]La tasa de desempleo es de 9,17%, y la necesidad es hacer crecer la economía” (Fuente: http://www.elmundo.com.bo/Secundarianew.asp?edicion=18/12/2005&Tipo=Economia&Cod=4136)

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